miércoles, 3 de febrero de 2010

Prisionero 38699-079

Un hombre privado de calor emocional. Persona ingrata para los panameños que les importa o que al menos sienten un pequeño amor por sus vidas y su país. Logro atrasar a Panamá y nos puso en la primera plana de la mayoría de los noticieros. Su legado creo cicatrices en muchas familias panameñas y odio entre grupos sociales. En Panamá se tenía libertad, al menos hasta cierto punto, estando en una relación de amor y odio con Estados Unidos y saltado de dictador en dictador cada pequeño paso hacía la libertad era gigante. Esta lucha comenzó desde nuestra independencia, impulsada por la cruzada civil del 31 pasando por el día de los mártires del 64. A través del tiempo fuimos creciendo en autonomía y libertad. Entonces llego el cara de piña.
Sin importarle la democracia, sin tener sentido de moral y un eterno hambre por el poder, uso a Panamá como un objeto de su conveniencia. Entrenado en una escuela militar en Perú y luego consiguiendo un posgrado en psicologías militares en Estados Unidos bajo el apoyo de la CIA (según Stansfield Turner, ex director de la CIA). Fue mandado a Panamá para ser una ficha de la CIA dentro del país, solo para que años después fuera sacado por las mismas fuerzas que lo pusieron dentro.
Debemos recordar que el cara de piña nunca fue presidente de Panamá y en dos ocasiones se dieron elecciones que fueron amañadas por el mismo . En la segunda ocasión, Mayo del 89 el difunto Guillermo Endara gano las elecciones. Jimmy Carter ex presidente de Estados Unidos actúo como observador en estas elecciones y testifico que “fue un acto grosero de falta de democracia”. En su acto de celebración el día después de las elecciones [Guillermo Endara y sus vice-presidentes] fueron duramente reprimidos por los batallones de la dignidad (recordemos la foto en TIME primera plana con Guillermo Ford bañado en sangre). Esa es la democracia que reinaba en nuestro país, esa era la imagen de Panamá hacia el mundo. Esos fueron los actos que atrasaron la prosperidad de nuestro país.
Entonces llegamos a hoy. Han pasado 20 años desde la invasión de Panamá, un corto tiempo para la historia. Hemos regresado a un correcto camino, a buscar la prosperidad y abrir caminos para todos los panameños. Aún así hay gente que se aferra a el pasado y se ciega la realidad.
Ando por la calle y veo pegatinas en la parte de atrás de los carros con figuras reconocidas, e visto las caras de muchas personas desde Don Bosco a Omar Torrijos. Aunque de vez en cuando veo una que me irrita, me saca de mi estado emocional y me da ganas de bajarme a gritarle a la persona conduciendo el carro. Se trata de las pegatinas del cara de piña. Entiendo que la gente tiene la libertad de expresión y tienen todo el derecho de poner esas pegatinas en sus carros y debo encontrar en mi ser poder aceptarlo. Aún así me pregunto su razón por ponerlas. Fue un momento de opresión dentro del país donde Panamá quedo atrás, un pueblo sin libertad es un pueblo atado a las fuertes cadenas de la opresión. Este hombre no se merece un reconocimiento, ni mucho menos una pegatina. Tanto para las personas que decidieron crearlas y las personas que las ponen en sus carros tengo una cosa que decirles. Están en su completa libertad para tomar esas decisiones pero recuerden que muchos lloran a sus desaparecidos, torturados y sufridos durante esta época y ver esa pegatina nos hace mucho daño.

Por: Gabriel Fonseca

0 comentarios:

Publicar un comentario