jueves, 6 de mayo de 2010

Pensamientos de un panameño

Soy de la creencia que todos los que vivimos en este país somos hermanos. Reconociendo esto, pienso que la mayoría de nuestros hermanos, que nacen pobres, solamente tienen dos libertades. La primera, es la libertad de luchar por una oportunidad, que dada la mala condición de vida que heredaron y el desinterés de los gobiernos, puede que jamás lleguen a verla. Esta realidad nos trae el segundo y único otro tipo de libertad con la que nacen, y ésta solamente aplica para aquellos que no les interesa vivir – la libertad de morirse de hambre.
La historia que nos enseñan desde niños, es que hemos evolucionado orgullosamente en materia de derechos humanos, al haber abolido la esclavitud y permitirle a toda persona hacer lo que se le plazca. Yo, por el contrario, pienso que esta es una verdad muy mediocre que viven los ciegos de pensamiento, recordándome el dicho: “No hay peor ciego que el que no quiere ver”.
Y por eso, veamos.
Hay una cantidad inimaginable de panameños que, inclusive antes de nacer, están casi condenados a la miseria. La triste realidad es que aunque un panameño haga todo a su disposición por salir adelante, el sistema no garantiza que todos los que se esfuercen lo lograrán. Me hierve la sangre cada vez que se me presenta alguien que piensa que la pobreza se crea por que las personas no se esforzaron lo suficiente, o por que no estudiaron lo suficiente. Hay excepciones como lo hay en todos lados, pero esta definitivamente no es una verdad. Esto es un típico ejemplo de lo que un padre le dice a su hijo para asustarlo y motivarlo a que estudie en la escuela, sin embargo ¿Cuántos de esos hijos no crecen y llegan a la madurez creyendo todavía en este concepto equivocado? Hay que despertar y salirse de esa burbuja de ignorancia.
Pregúntense cuales son las probabilidades que un panameño nazca en una familia sin techo fijo, con padres que nunca aprendieron valores y con los problemas de hambre y salud o capaz de drogas, y aún así pueda salir de ese desastre para buscar una oportunidad. Cualquier persona con dos dedos de frente debe saber que estos panameños no llegan a perder su oportunidad por “no haber estudiado o esforzado lo suficiente”. Esta es una gran mentira que nos debe preocupar. Creo firmemente que si no intervenimos nosotros forzando a nuestro gobierno, nadie más velará por los desafortunados, y por eso cada uno de nosotros es responsable por lo que hemos permitido. Estos definitivamente no son los derechos humanos de los que debemos estar orgullosos.
El amor es algo que caracteriza al panameño, y eso nos debe impulsar a hacer algo al respecto. Con esto, no es mi intención alentarlos a que den limosnas, si no a que nos libremos de toda la basura que permitimos infeste nuestras mentes – aquella que nos dice olvídate de esa gente y vive tu vida. La cultura actual trata de mantenernos entretenidos en un paseo eterno que no nos lleva más que al desperdicio de nuestra capacidad mental, y últimamente alejarnos de lo que verdaderamente es importante en la vida, que es hacer algo por los demás.
Una vez que una persona se libra de la esclavitud mental, puede abrir los ojos y darse cuenta que la avaricia que rodea al individualismo da lugar a que las personas solo busquen su propio bien, y es ahí donde hemos empezamos a hundirnos como panameños, y como humanos. Si no estamos aquí para hacer algo al respecto, ¿entonces para qué estamos? El individualismo es un cáncer que debemos tratar de sacar de nuestro país, y por ello hay que empezar a cuestionar la falta de preocupación en nuestros gobiernos por regular los excesos del individualismo. “La gente que crea el poder hace una contribución indispensable, pero la gente que cuestiona ese poder hace una contribución igual de indispensable, especialmente cuando lo hacen de forma desinteresada, pues ellos determinan si usamos el poder, o el poder nos usa” -palabras del asesinado ex presidente John F. Kennedy, quien a mi opinión fue uno de los pocos presidentes que ha usado ese poder para cambiar el status quo en su país, sin que este poder lo volviera un peón mas del sistema.
Hay que empezar a crear opinión, y eso solo se puede hacer cuestionando la realidad. Siempre trato de no ponerme de un lado de la balanza, pero en nuestro país: de que sirve alimentar al capitalismo salvaje, la globalización y demás supuestas prioridades de nuestro gobierno, si al final nada ha hecho por estas personas que nada tienen y tanto han hecho por corporaciones extranjeras. Es un engaño letal pensar que el gobierno debe echarse para atrás y esperar que todo se solucionará con el libre mercado; me suena más a una mentira propagada por quienes se benefician directamente del descontrol de este libre mercado, en perjuicio de los pobres.
Como bien me he referido a los demás como hermanos, es precisamente una crítica a todos los gobiernos que han olvidado los tres principios que cambiaron el curso de la historia con la revolución francesa: libertad, igualdad, y tan importante como las otras dos: fraternidad. Amar a todos como si fueran tus hermanos debe ser la insignia de cada sociedad, sin embargo esto se ha quedado en el olvido.
Hay cuatro elementos que a mi parecer deben ser la prioridad máxima de nuestro gobierno: hogar, salud, alimento y educación – para todos. ¡No es necesario un movimiento extremista para lograrlo! Lo que si es imperativo es una revolución de pensamiento que surja efectos a través de la democracia. Estas cuatro cosas son lo mínimo que debe tener cada persona para poder vivir una vida digna. Estos elementos deben dejar de ser un privilegio de algunos, y un lujo para otros, a ser un deber de Estado el darle la oportunidad a todos de tenerlos. Me niego a creer que la pobreza es algo inevitable. No finjo saber el plan perfecto para hacerlo, pero tan siquiera una iniciativa podría empezar a mover la montaña de egoísmo que nos impide llegar. Es un cambio de prioridades ineludible que tiene que darse, totalmente separado de la tendencia de los gobiernos: de izquierda o de derecha. Estoy totalmente convencido que va a ser duro, y que habrán sacrificios enormes, pero al final miraremos hacia atrás y nos preguntaremos como fue que vivimos en un país tan egoísta y tan lleno de odio. Es por esto que debemos enderezar el mundo entero, empezando por enderezar nuestras mentes. Si no es mi generación la que lo logre, se que eventualmente otra lo logrará, porque es de mi convicción que esta es una verdad absoluta, y la verdad siempre triunfa, siempre.
Lo digo hoy y lo diré siempre: de esta vida uno no se lleva nada, nada mas lo que uno hace por los demás.

Por: Javier Yap-Endara

*Artículo para la revista Digesto de la USMA

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